Un consenso internacional sienta las bases para personalizar la rehabilitación tras un ictus
¿Por qué dos personas con un ictus aparentemente similar recuperan capacidades de forma muy distinta? Esta sigue siendo una de las grandes preguntas de la neurorrehabilitación. El Dr. Israel Fernández-Cadenas, jefe del grupo de Farmacogenómica y Genética Neurovascular, y la Dra. Cristina Gallego-Fabrega, investigadora del mismo grupo del Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau), han participado en un consenso internacional que establece las prioridades para responderla mediante el estudio de biomarcadores moleculares.
El documento, publicado en International Journal of Stroke, reclama grandes estudios multicéntricos y longitudinales que permitan seguir los cambios biológicos que se producen durante la recuperación. El objetivo es comprender mejor los mecanismos de reparación cerebral y sentar las bases de una neurorrehabilitación más personalizada.
El trabajo ha sido elaborado en el marco de la cuarta Stroke Recovery and Rehabilitation Roundtable, una iniciativa internacional que ha reunido a 17 especialistas de nueve países. Sus recomendaciones buscan superar algunas de las principales limitaciones actuales de la investigación en recuperación tras un ictus: estudios con pocos pacientes, realizados en un único centro, con muestras recogidas en un solo momento y con medidas demasiado generales de la evolución funcional.
«La recuperación tras un ictus no depende únicamente del tamaño o la localización de la lesión. Intervienen procesos de inflamación, plasticidad cerebral, reparación vascular y respuesta neuronal que todavía conocemos de forma incompleta», explica el Dr. Israel Fernández-Cadenas. «Identificar señales moleculares relacionadas con esos procesos puede ayudarnos a entender mejor por qué cada persona se recupera de una manera diferente y, en el futuro, a diseñar tratamientos más precisos».
De predecir la evolución a comprender los mecanismos de recuperación
El consenso propone ampliar el papel de los biomarcadores. Más allá de utilizarlos para estimar el pronóstico funcional, los autores defienden que deben servir para estudiar los mecanismos celulares y moleculares que sustentan la recuperación espontánea del cerebro y la respuesta a las intervenciones terapéuticas.
Este conocimiento podría facilitar la identificación de nuevas dianas farmacológicas, comprobar si un tratamiento está actuando sobre el mecanismo biológico previsto y adaptar mejor el tipo, el momento y la dosis de las terapias de rehabilitación.
«El objetivo no es etiquetar a un paciente según su posible pronóstico, sino comprender qué mecanismos están activos durante su recuperación y cómo podemos potenciarlos», señala la Dra. Cristina Gallego-Fabrega. «Para conseguirlo, necesitamos estudios que sigan a las personas a lo largo del tiempo y relacionen su evolución clínica con los cambios biológicos que se producen tras el ictus».
Estudios más amplios y datos armonizados
La principal recomendación del documento es impulsar estudios de gran tamaño, multicéntricos y longitudinales que integren datos clínicos, muestras biológicas y evaluaciones detalladas de la recuperación. Hasta ahora, gran parte de la investigación en este ámbito se ha basado en cohortes pequeñas, recogidas en un único centro o con muestras obtenidas en un solo momento, lo que dificulta validar los resultados.
Los autores proponen analizar diferentes capas de información biológica, como la genética, la actividad de los genes, las proteínas, los metabolitos o las modificaciones epigenéticas. Estas aproximaciones, conocidas en conjunto como tecnologías ómicas, permitirían identificar de forma no sesgada moléculas asociadas a distintas trayectorias de recuperación.
El consenso identifica algunos biomarcadores candidatos que pueden incorporarse a nuevas investigaciones, entre ellos el neurofilamento de cadena ligera, una proteína relacionada con el daño axonal; el factor neurotrófico derivado del cerebro o BDNF, vinculado a la plasticidad cerebral; la proteína ácida fibrilar glial, relacionada con las células gliales; la tau derivada del cerebro y la interleucina-6, vinculada a la inflamación. No obstante, el documento subraya que ninguno de ellos cuenta todavía con la validación necesaria para incorporarse de forma generalizada a la atención rehabilitadora.
«La prioridad es pasar de estudios aislados a redes capaces de incluir un número suficiente de pacientes y de analizar los datos con protocolos comparables», afirma el Dr. Fernández-Cadenas. «Solo así podremos confirmar qué señales son realmente relevantes y cuáles pueden trasladarse a la práctica clínica».
Muestras seriadas y evaluaciones específicas
El documento recomienda priorizar la recogida de muestras de sangre, por ser una opción poco invasiva, escalable y adecuada para llevar a cabo análisis repetidos. Para estudiar los procesos de lesión y reparación, plantea obtener muestras entre los 3 y 7 días, al mes y a los 3 meses después del ictus. En los estudios centrados en una intervención concreta, aconseja recogerlas antes de iniciar el tratamiento y tras completar el conjunto de sesiones.
Los autores también defienden combinar escalas globales de discapacidad con evaluaciones específicas de funciones como el movimiento, el lenguaje o la cognición. De este modo, será posible distinguir mejor entre la recuperación neurológica de una función y las estrategias de compensación que permiten a una persona desenvolverse pese a mantener una limitación.
El artículo recoge, además, el potencial de tecnologías emergentes como las vesículas extracelulares procedentes del sistema nervioso central o el ADN libre circulante. Ambas podrían permitir estudiar desde una muestra de sangre señales más directamente vinculadas con el daño y la reparación cerebral, aunque todavía requieren validación metodológica antes de su uso clínico.
Una neurorrehabilitación de precisión, sin limitar el acceso a los cuidados
El consenso insiste en que los resultados de los biomarcadores no deben emplearse para restringir el acceso a la rehabilitación ni para negar cuidados a pacientes considerados con peor pronóstico. Por el contrario, su finalidad debe ser comprender mejor la diversidad de trayectorias de recuperación y ampliar las oportunidades terapéuticas.
Para avanzar, los autores proponen crear centros nacionales para el procesamiento y almacenamiento de muestras, un repositorio internacional de datos moleculares y marcos de financiación plurianuales. También recomiendan armonizar los tiempos de recogida, las medidas clínicas y el procesamiento de muestras para facilitar la comparación y la validación de los resultados entre países.
«La neurorrehabilitación de precisión no consiste en reducir opciones, sino en disponer de más herramientas para ofrecer a cada paciente la intervención que pueda aportarle un mayor beneficio», concluye la Dra. Gallego-Fabrega. «Este consenso establece las bases para generar la evidencia necesaria y transformar ese objetivo en una realidad».
Artículo de referencia:
Edwardson MA, Braun RG, Aldridge CM, Akinyemi R, Engelter ST, Fernández-Cadenas I, Gallego-Fabrega C, Le Grand Q, Maguire J, Nave AH, Ratan R, Worrall BB, Xu H, Brodtmann A, Cramer SC, Hayward KS, Lindgren AG. Molecular biomarkers in stroke recovery: Consensus-based core recommendations from the fourth Stroke Recovery and Rehabilitation Roundtable. Int J Stroke 2026:17474930261475960. https://doi.org/10.1177/17474930261475960.