Fármacos utilizados para la hipertensión muestran potencial frente al cáncer de ovario
El bloqueo de los receptores adrenérgicos α1 reduce la viabilidad de las células de cáncer de ovario y frena el crecimiento tumoral en modelos preclínicos, según un trabajo del Grupo de Ginecología y Oncología Peritoneal del Institut de Recerca Sant Pau (IR Sant Pau). Los resultados abren una posible vía para explorar el reposicionamiento de medicamentos ya empleados frente a otras enfermedades.
El estudio fue presentado por Mireia Escar, investigadora del Grupo de Ginecología y Oncología Peritoneal del IR Sant Pau, en el ESMO Gynaecological Cancers Congress 2026, celebrado del 17 al 19 de junio en Copenhague. Este encuentro internacional reúne a especialistas en investigación, diagnóstico y tratamiento de los cánceres ginecológicos.
El trabajo analiza el potencial de varios bloqueantes de los receptores adrenérgicos α1 derivados de la quinazolina, entre ellos la prazosina, la doxazosina y la ciclazosina. Algunos de estos fármacos se utilizan actualmente para tratar la hipertensión arterial o determinados problemas urinarios asociados al crecimiento benigno de la próstata.
«Nuestros resultados indican que el bloqueo de estos receptores puede afectar directamente a la supervivencia de las células tumorales y reducir el crecimiento del tumor. Aunque todavía estamos en una fase preclínica, los datos respaldan la necesidad de seguir investigando esta vía en el cáncer de ovario», explica Mireia Escar.
Una vía menos estudiada en el cáncer
Los receptores adrenérgicos permiten que las células respondan a hormonas y neurotransmisores como la adrenalina y la noradrenalina. Hasta ahora, buena parte de la investigación sobre su relación con el cáncer se ha concentrado en los receptores β-adrenérgicos. En cambio, el papel de la señalización mediada por los receptores α1 es mucho menos conocido.
Para estudiar esta vía, el equipo evaluó en diferentes modelos celulares de cáncer de ovario tanto la activación como el bloqueo de estos receptores. Los experimentos mostraron que su activación podía favorecer la proliferación de determinadas células tumorales, mientras que el bloqueo, utilizando los antagonistas α1 reducían su viabilidad e inducían un importante efecto citotóxico.
Los investigadores estudiaron posteriormente en un modelo animal la prazosina, uno de los bloqueantes α1 analizados y un fármaco utilizado habitualmente para tratar la hipertensión arterial. En ratones con xenoinjertos de cáncer de ovario —un modelo en el que se implantan células tumorales humanas para analizar su comportamiento—, el tratamiento redujo tanto el crecimiento como el peso final de los tumores en comparación con el grupo de control.
«La señalización adrenérgica α1 ha recibido mucha menos atención que otras vías relacionadas con la respuesta al estrés. Observar efectos tanto en células como en un modelo animal nos proporciona una base para profundizar en los mecanismos implicados y determinar qué tumores podrían ser más sensibles a este abordaje», señala Mireia Escar.
El potencial de reposicionar medicamentos
El reposicionamiento de fármacos consiste en investigar si un medicamento desarrollado o autorizado para una enfermedad puede resultar útil frente a otra. Esta estrategia puede facilitar algunas fases del desarrollo terapéutico, ya que se dispone de información previa sobre las características y la seguridad de determinados compuestos. Sin embargo, su posible utilización contra el cáncer de ovario requeriría todavía nuevos estudios preclínicos y posteriores ensayos clínicos.
«Trabajar con fármacos ya conocidos ofrece una oportunidad interesante, pero debemos ser prudentes. El siguiente paso es comprender mejor cómo actúan sobre las células tumorales, identificar en qué contextos podrían resultar más eficaces y generar evidencia suficiente antes de plantear su evaluación en pacientes», subraya la investigadora.
El cáncer de ovario es uno de los tumores ginecológicos con mayor mortalidad, en parte porque suele diagnosticarse en fases avanzadas y porque muchas pacientes acaban desarrollando resistencia a los tratamientos. En este contexto, la identificación de nuevas vulnerabilidades biológicas puede contribuir al desarrollo futuro de estrategias terapéuticas más eficaces.
Los resultados presentados son todavía preclínicos y no permiten concluir que estos medicamentos sean eficaces contra el cáncer de ovario en pacientes. No obstante, aportan evidencias iniciales que justifican continuar estudiando los receptores adrenérgicos α1 como posible diana terapéutica.