Los biomarcadores de la enfermedad de Alzheimer permiten predecir el deterioro cognitivo también en mayores de 80 años

01/07/2026 | Tiempo de lectura: 10 min.
Dra. Chiara Ceriello i Dr. Ignacio Illán

El deterioro cognitivo en personas muy mayores se ha considerado durante décadas una consecuencia prácticamente inevitable del envejecimiento. En la práctica clínica, esto ha contribuido a que muchas alteraciones de memoria en pacientes de más de 80 años se interpreten como un fenómeno propio de la edad, sin profundizar en su causa. Sin embargo, esta visión está siendo cada vez más cuestionada a medida que avanza el conocimiento sobre las enfermedades neurodegenerativas y se dispone de herramientas más precisas para su detección.

Un estudio liderado por investigadores del Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau) y publicado ahora en Neurology aporta nueva evidencia sobre el valor de los biomarcadores de la enfermedad de Alzheimer en esta franja de edad. El trabajo, centrado en personas de 80 años o más con deterioro cognitivo leve, muestra que la presencia de biología Alzheimer —determinada mediante biomarcadores en líquido cefalorraquídeo y en sangre— no solo es frecuente, sino que se asocia de forma consistente con un mayor riesgo de deterioro cognitivo más rápido y de progresión a demencia.

Estos resultados cuestionan la idea, todavía extendida, de que en edades muy avanzadas los biomarcadores tienen un valor limitado debido a la coexistencia de múltiples patologías. Por el contrario, el estudio demuestra que, incluso en este contexto de mayor complejidad clínica, la identificación de la patología sigue aportando información relevante sobre la evolución de los pacientes.

«No todo problema de memoria a partir de los 80 años es normal, y asumirlo como tal puede llevar a infradiagnosticar enfermedades como el Alzheimer», señala el Dr. Ignacio Illán-Gala, investigador del grupo de Neurobiología de las Demencias del IR Sant Pau así como neurólogo del Hospital Sant Pau y uno de los autores de la investigación. «Es necesario superar el peso del edadismo en el abordaje de estos pacientes y avanzar hacia un diagnóstico más preciso también en edades avanzadas», añade.

Sin biomarcadores, el diagnóstico clínico resulta especialmente impreciso en edades avanzadas

Uno de los principales retos en el abordaje del deterioro cognitivo en personas muy mayores es la limitada precisión del diagnóstico basado exclusivamente en la evaluación clínica. En la práctica habitual, muchos pacientes de más de 80 años son valorados sin recurrir a biomarcadores, lo que introduce un elevado grado de incertidumbre sobre la causa real de los síntomas. Esta actitud muy extendida entre los clínicos se justifica, en gran parte, por la elevada frecuencia de copatologías en edades avanzadas. En este grupo es habitual la coexistencia de distintas enfermedades neurodegenerativas, alteraciones vasculares u otros procesos asociados al envejecimiento que pueden afectar de forma simultánea a la cognición, generando cuadros clínicos más heterogéneos y menos específicos que en edades más tempranas.

A esta situación se suma que, a medida que aumenta la edad, las diferencias en el rendimiento cognitivo entre personas con y sin enfermedad de Alzheimer tienden a reducirse en las fases iniciales. Aunque los pacientes con biología Alzheimer presentan peor rendimiento, especialmente en memoria, estas diferencias son relativamente modestas y con un amplio solapamiento respecto a los pacientes sin la enfermedad, lo que limita la capacidad discriminativa de la evaluación clínica, contribuyendo así al nihilismo diagnóstico y terapéutico.

«En pacientes mayores hay muchas copatologías que pueden influir en la memoria, y basarse únicamente en la clínica puede llevar a diagnósticos poco precisos», explica la Dra. Chiara Ceriello, geriatra del Hospital de Sant Pau y primera autora del artículo. «De hecho, aproximadamente la mitad de los casos no corresponden a un Alzheimer puro, lo que significa que, sin biomarcadores, es difícil saber qué hay detrás del deterioro cognitivo y anticipar correctamente su evolución».

Confirmar la biología del Alzheimer marca diferencias en la evolución de los pacientes

El estudio analizó a 167 personas mayores de 80 años con deterioro cognitivo leve procedentes de la cohorte Sant Pau Initiative on Neurodegeneration (SPIN), una cohorte clínica de referencia en enfermedades neurodegenerativas en la que los pacientes son evaluados de forma sistemática mediante biomarcadores. Cerca del 70 % presentaban biología compatible con enfermedad de Alzheimer, determinada a partir del análisis de proteínas características en líquido cefalorraquídeo —como el cociente entre p-Tau181 y β-amiloide— y su correlato en sangre mediante p-Tau217. Aunque en el momento inicial las diferencias cognitivas entre los pacientes con y sin esta biología eran relativamente discretas, la evolución a lo largo del seguimiento fue claramente distinta.

En concreto, los pacientes con biología Alzheimer experimentaron un deterioro cognitivo más rápido que aquellos sin evidencia de la enfermedad, medido mediante el Mini-Mental State Examination (MMSE), una escala ampliamente utilizada para evaluar la función cognitiva global. En este sentido, los pacientes con biología Alzheimer mostraron un descenso medio de 0,47 puntos al año, frente a 0,18 puntos anuales en aquellos sin evidencia de la enfermedad. Esta diferencia, aunque moderada en términos anuales, adquiere relevancia clínica cuando se analiza de forma acumulativa, ya que se traduce en una progresión más acelerada hacia fases de mayor deterioro y pérdida de autonomía. En la misma línea, la presencia de estos biomarcadores se asoció también a un mayor riesgo de progresión a demencia durante el seguimiento.

Los resultados sugieren, además, que los biomarcadores en sangre no solo permiten identificar la presencia de la patología, sino que aportan información relevante sobre su comportamiento a lo largo del tiempo. En particular, niveles más elevados de p-Tau217 se asociaron con un mayor riesgo de progresión a demencia, con incrementos del riesgo cercanos al 50 % en función de sus niveles, lo que refuerza su utilidad no solo desde el punto de vista diagnóstico, sino también pronóstico.

«A medida que aumenta la edad, las diferencias en el rendimiento de memoria entre personas con y sin enfermedad de Alzheimer tienden a reducirse, lo que dificulta su identificación basándose únicamente en la clínica», explica el Dr. Illán-Gala. «Sin embargo, lo que sí cambia de forma clara es la evolución: quienes presentan esta biología tienen un peor pronóstico y una progresión más rápida del deterioro cognitivo a medio plazo».

En este sentido, la información aportada por los biomarcadores resulta especialmente relevante para la práctica clínica en personas mayores. «Saber si existe biología Alzheimer en estos pacientes no solo permite afinar el diagnóstico, sino también anticipar su evolución y adaptar mejor el manejo clínico y la planificación del cuidado», señala la Dra. Chiara Ceriello.  De este modo, incluso en edades avanzadas, la presencia de biología Alzheimer no constituye un hallazgo incidental, sino un factor que condiciona de manera significativa la trayectoria clínica del paciente y permite anticipar con mayor precisión su evolución.

Un biomarcador en sangre facilita el diagnóstico y su aplicación clínica

Más allá de su valor pronóstico, uno de los aspectos más relevantes del estudio es la posibilidad de trasladar estos hallazgos a la práctica clínica mediante el uso de biomarcadores en sangre como la p-Tau217. A diferencia de técnicas tradicionales, como la punción lumbar o la tomografía por emisión de positrones (PET) de amiloide, su determinación mediante una analítica permite un acceso mucho más sencillo y generalizable.

Este cambio resulta especialmente relevante en el ámbito de la geriatría, donde la aplicación sistemática de procedimientos más complejos ha sido históricamente limitada. La disponibilidad de un marcador en sangre abre la puerta a incorporar la evaluación biológica del Alzheimer en un mayor número de pacientes y en contextos asistenciales más amplios, facilitando una aproximación más homogénea al diagnóstico.

«La disponibilidad de un biomarcador en sangre facilita mucho su incorporación en la práctica clínica, especialmente en pacientes mayores», señala la Dra. Chiara Ceriello. «Nos permite disponer de información biológica relevante de una forma más sencilla y aplicable, y esto tiene un impacto directo en cómo evaluamos y seguimos a estos pacientes». Los investigadores subrayan, no obstante, que la interpretación de estos biomarcadores debe realizarse siempre en el contexto clínico del paciente, teniendo en cuenta factores como la fragilidad, las comorbilidades y el estado funcional basal para poder definir su utilidad real.

Un diagnóstico más preciso permite anticipar la evolución y mejorar el manejo clínico

Los resultados del estudio cuestionan la práctica de excluir a las personas mayores de 80 años de estrategias diagnósticas basadas en biomarcadores y apuntan a la necesidad de avanzar hacia un enfoque más individualizado. En este sentido, los autores destacan que la edad cronológica por sí sola no refleja la heterogeneidad de esta población, en la que es posible encontrar pacientes con buen estado funcional y larga expectativa de vida, en los que un diagnóstico más preciso puede tener un impacto significativo.

«La medicina de precisión no debería tener un límite de edad», apunta la Dra. Chiara Ceriello. «En pacientes bien conservados, con buena calidad de vida, conocer la presencia de biomarcadores puede cambiar el manejo, el pronóstico y la planificación futura».

Más allá del diagnóstico, la identificación de la biología Alzheimer en personas mayores tiene implicaciones directas en la práctica clínica. Conocer la causa del deterioro cognitivo permite anticipar la evolución, ajustar el seguimiento y facilitar la planificación tanto médica como familiar, especialmente en una etapa de la vida en la que estos aspectos adquieren un peso creciente.

En este contexto, la llegada de nuevos fármacos capaces de modificar el curso de la enfermedad refuerza la necesidad de un diagnóstico más preciso en fases iniciales, también en pacientes de edad avanzada. Estos tratamientos han demostrado su capacidad para ralentizar la progresión del deterioro cognitivo, lo que hace aún más relevante identificar a los pacientes que podrían beneficiarse de ellos.

«Cada vez vemos más personas mayores que consultan porque notan cambios en su memoria y quieren saber qué les está pasando y qué pueden esperar», señala el Dr. Illán-Gala. «Responder a estas preguntas forma parte de una atención adecuada».

En conjunto, el estudio demuestra que los biomarcadores de la enfermedad de Alzheimer mantienen un valor clínico relevante también en personas de 80 años o más, y que su uso puede contribuir a mejorar el diagnóstico y la toma de decisiones en una población creciente y hasta ahora infrarrepresentada en la investigación.

Artículo de referencia:

Ceriello C, Torres OH, Rubio-Guerra S, García-Castro J, Selma-Gonzalez J, Sala I, Sánchez-Saudinós MB, Videla L, Vera-Campuzano E, Arranz J, Rodríguez-Baz Í, Maure-Blesa L, Dols-Icardo O, Valldeneu S, Barroeta I, Santos-Santos M, Carmona-Iragui M, Vaqué-Alcázar L, Alvarez-Sanchez E, Lorente O, Carreras M, Bejanin A, Belbin O, Lleó A, Fortea J, Alcolea D, Illán-Gala I. Clinical impact and prognostic value of Alzheimer disease biomarkers in the very old. Neurology 2026;107. https://doi.org/10.1212/wnl.0000000000218180.

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